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Sueñas con irte de la ciudad al campo ¿Hay algo que te impide conseguirlo?

Una amiga, emprendedora y luchadora como yo, con la que estuve hablando hace unos días me decía que le daba mucha envidia ver cómo vivíamos felices en nuestro pueblo y que ella, que ahora vive en una ciudad de Cataluña, también sueña con irse de la ciudad al campo. Recuerdo que me decía:

“A mí, una de las cosas que más me cuesta por la mañana es levantarme. No quiero salir de la cama porque, al levantarme, me gusta mirar por la ventana a ver qué día hace. Y, cada día, lo que veo cuando subo la persiana, en vez del sol o de un paisaje, es la pared de otro edificio. ¿Sabes? porque mi habitación da a ese edificio.

Por la mañana, a mí lo que me gusta es levantarme y ver el sol, ver los árboles. Me gustaría abrir la ventana y escuchar el sonido de los pájaros y sentir el viento en la cara y, sobre todo, tener vistas. Ver unas vistas bonitas.

Pero, no…yo veo la pared de otro edificio cada mañana, huelo el humo de los coches y oigo el ruido de la circulación de la avenida. Porque, en realidad, lo que quiero, lo que me gustaría es irme a vivir a un pueblo. Y ahora no puedo. Y eso, eso me hace empezar el día con un estado de ánimo…”

Me quedé preocupada y pensativa. ¿Qué le pasaba en realidad? La ciudad está llena de muros. El campo también. Respiré y me tomé un minuto para reflexionar. Pensaba en lo que yo hacía cada mañana al levantarme.

“Yo me levanto cada día, me visto y salgo a dar un paseo de una hora por el campo. Cada época es distinta y disfruto de la caricia o del azote del viento en la cara, del canto de los pájaros, de las distintas tonalidades de la luz que tienen miles de matices diferentes, del estado de recogimiento o explosión de las plantas según sea invierno o primavera, del ruido del agua del río que salta entre las rocas en la parte baja del valle y disfruto de una conversación cortita con alguno de los vecinos que me encuentro en mi camino.

Durante estos paseos, mi mente entra en estado de flujo y es cuando se me ocurren las mejores ideas y soluciones a las cosas que me pasan por la cabeza y a las situaciones que me encuentro en el trabajo. Cuando vuelvo a casa, me ducho y empiezo mi jornada laboral con fuerza renovada.” Pensé.

¿Sabes lo que pasa? le dije, ahora te molesta tanto la pared del edificio porque, en realidad, es sólo una metáfora de las limitaciones que encuentras en tu vida. Y le expliqué lo que quería decir.

No es la primera vez que me dicen algo parecido. El estilo de vida urbano crea muchos muros que no existen en un estilo de vida campestre. El ruido, los coches, la contaminación, el exceso de gente, las prisas, la inseguridad… tantas cosas que van creando una sensación de estar en un entorno hostil.

Nuestro cerebro está preparado para protegernos y elegir la solución más segura que, para él, es la situación conocida, es decir, que sigas viviendo en la ciudad, en la que tu cerebro sabe qué puede ocurrir y tiene estrategias para actuar rápido ante un peligro. Por eso, cada vez que intentas salir de tu zona de confort, lanza una alarma en forma de pensamientos que te avisan de todos los peligros que tiene moverte en la dirección de eso que sueñas.

El problema es que, esos sueños contenidos, generan peso y angustia. Un peso y una angustia que se manifiesta de maneras diversas.

Por ejemplo, el muro que te pones para convencerte de que lo que deseas no es posible o que no es posible ahora. Porque, en realidad, en la ciudad hay paisaje, en la ciudad luce el sol, en la ciudad puedes salir a caminar y darte un paseo por un parque, y también, puedes disfrutar del campo de la ciudad.

El problema no es que en la ciudad haya muros. El problema es que estás ahogando tu sueño de irte a vivir a un pueblo y ninguna de las bellezas o de las ventajas que tienen la ciudad son suficientes para ti porque te sientes encerrada en ella y porque tu cuerpo y la angustia que sientes te están diciendo que el estilo de vida urbano ya pesa demasiado sobre ti.

Necesitas dejar de autosabotearte, de aplazar lo que quieres, necesitas convertir tu sueño en tu objetivo y, en cuanto lo hagas, podrás percibir que en esa pared de la ciudad sobresalen los balcones de tus vecinos y que, en ellos, hay flores. Y estarás mucho más cerca de conseguir tu sueño de irte a vivir a un pueblo.

Eso fue lo que le dije ese día a mi amiga. Y esta es una de las cosas que tuve que aprender cuando decidí venir a vivir aquí.

Si esto te resuena, si tú también te sientes así, si quieres dejar de ver esa pared como un muro y que tu sueño de irte a un pueblo se convierta en una realidad que se adapte bien a tu estilo de vida, si quieres profundizar en cómo conseguirlo, nosotros podemos ayudarte. Vamos a dar una formación gratis y en directo el día X de XXXX.

En ella hablaremos del paso a paso necesario para conseguir que tu sueño de irte al campo se haga realidad, con ejemplos para distintas situaciones personales y con nuestro sistema paso a paso para hacerlo.

Puedes apuntarte aquí, y, si ya ha pasado la fecha, del X de XXXX, no te preocupes, pincha también porque te habremos dejado el replay para que puedas verla.

Pero te preguntarás, ¿y qué pasos necesito seguir para irme a vivir a un pueblo?

Probablemente, lo primero que te viene a la mente es casa y trabajo. Sin embargo, eso no es lo más importante. Mucha de la gente que se muda al campo sin prepararse bien acaba volviendo a la ciudad unos años después con sus sueños rotos y sensación de fracaso.

¿Es difícil vivir en el campo? No. Vivir en el campo es una maravilla. Nosotros, llevamos 17 años viviendo y trabajando en un pueblo y somos muy felices.

Sin embargo, irte a vivir a un pueblo no es sinónimo de mudarte a un pueblo. ¿Cómo?- me dirás.

Pues, sí. Mudarte a un pueblo será sinónimo de fracaso si no aprendes cómo vivir en él. Para vivir en un pueblo necesitas seguir un proceso que te ayude a adaptarte, que te ayude a pasar del estilo de vida urbana que tienes ahora a la vida rural feliz que sueñas tener. En eso está el secreto del éxito.

¿Quieres irte a vivir a un pueblo? ¿Te lo estás pensando? Déjame un comentario y cuéntame tu experiencia de vivir en la ciudad y cómo es tu sueño de vivir en un pueblo.

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1 comentario en “Sueñas con irte de la ciudad al campo ¿Hay algo que te impide conseguirlo?”

  1. He nacido en la capital, de Uruguay, en Montevideo.
    Mi marido y yo trabájanos años en la administración pública y privada por nuestra cuenta.

    Un día lo dejamos todo, casa coche y trabajos. Nos fuimos a Valencia. Teníamos la ciudadanía por nuestros abuelos.

    Llegamos en plena crisis. Con un niño de dos años.
    El dinero se nos evaporó, mientras mi marido buscaba trabajo y yo hacía todos los cursos (que no me aportaban ningún niego conocimiento) a los que me mandaba el paro, para cobrar un subsidio que nos dió un pequeño respiro entre tanto ajetreo.
    Mi marido que en su país gozaba de un merecido status laboral en nuestro aqui limpió, juntó fruta, condujo camiones cargados de fruta a otros países (que no le han pagado nunca) e hizo trabajos de albañilería que jamas había hecho. En medio de todo esto, tuvimos una niña
    Estábamos contentísimos. Buscábamos algo y sentíamos que lo estábamos encontrando a pesar de todas las dificultades.

    Mi marido encontró un empleo relativamente estable y yo me dediqué a aprender todo sobre el socorrismo y la natacion. Poco a poco me fui formando en actividades acuáticas y a los cuarenta años, tenía todos los cursos y una FP en el area.
    Empezamos a buscar una casa para entrar en una hipoteca.
    Después de tres años de buscar trazar y no poder ser, nos fuimos a vivir a la sierra Calderona, en un suelo rústico y protegido.
    Tenemos una huerta familiar, gallinas y un gran jardín que quiero convertir en productivo.
    Por qué te cuento mi vida? Es que le el blog y digo, hemos sido valientes, abandonado nuestra zona de estabilidad, hemos arriesgado todo y hemos cambiado de vida, de acuerdo a nuestros valores. Y qué pasa ahora? …
    Tengo, trabajo y tiempo, pero no sé cómo.
    Yo soy muy autodidacta, y desde hace tres años inicié el proyecto de la huerta familiar.
    Leí muchos libros y accedí a mucha información de internet.
    Pero habiendo cursado en mi juventud algunos años en dos universidades diferentes me doy cuenta que necesito una formación académica.
    Una formación que me permita tomar mis propias decisiones. Los consejos están muy bien, pero en mi huerta, el observador (a) soy yo… y quiero tomar mis decisiones.
    La huerta no solo nos ofrece buenos alimentos a la familia, nos da actividades juntos, trabajo y frutos.
    Mucha gente viene a casa y me dice qué idílica es mi vida. Que suerte tengo, y mientras alguno entra en pánico porque una abeja solo pasa por ahí..:
    yo pienso en el refrán “tú le dices suerte y yo le llamo trabajo”
    Veo que no existe una idea racional de lo que significa vivir así.
    La gente se mete a esto y sale despavorida cuando se encuentra con los primeros obstáculos.
    Creo que si lo hicieran más informados tendríamos menos desertores en este estilo de vida.
    Quiero optimizar mi trabajo. Extenderlo a mis casi los 2 mil metros cuadrados que dispongo y si es posible construir invernaderos con producción ecológica en zonas aledañas…. me gustaría tal vez difundir los conceptos de permacultura, en colegios, escuelas,… institutos… y a la gente que me rodea, con el ejemplo y compartiendo mis experiencias.

    Estos años trabajé mucho con niños y sé que la respuesta está ahí… (parece que fuéramos inteligentes de niños y luego nos volvemos estúpudos)

    Yo nunca iba a vivir en la ciudad y lo supe el día que me abuelo con siete años me llevó a un campo perdido en el mundo, en donde nació y lo confirmaba cada vez que mi otro abuelo me daba un paseo por si pequeña huerta (como me hubiera gustado pasear con él por la mía!!! -en julio eso si-)
    Pero quisiera, para ello, tener una base académica. ¿Es posible, dónde? ¿Es lo que ofrecen? No deseo comenzar una carrera de agro de cuatro años porque quiero ir directamente a lo que permacultura se refiere. ¿Es posible?
    ¿A qué coste?

    Si puedes aconsejarme, te lo agradecería muchísimo.
    Un saludo, perdona la extensión, tu blog me inspiró la confianza para pedir consejo.
    Gracias.

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